domingo, julio 15, 2007

Llegaron las bota-ciones


esde que me mudé, obviamente que aquello de “¡qué lindo eso!” y comprármelo, no corre más.
Tengo mis ahorrillos, pero una los cuida, por cualquier cosa. Es más, ya aconteció ese “cualquier cosa” y por ende mis ahorrillos decrecieron de manera alarmante.

Y así es mi vida ahora. Decidiendo si unos pocos pesitos extra que junté, me los reviento en la peluquería (ya mis claritos son más bien oscuritos y mis rulos son rulos dos días seguidos, luego se transforman en el cabello de Medusa) o en un par de botas maravillosas que les tengo ganas desde antes de mudarme.
Las botas, es algo que se me antoja. El pelo, algo un poco necesario. Y odio gastar mi platita en cosas necesarias (aunque no me disgusta ir a la peluquería).

Mi trascendental incertidumbre se resolvió fácilmente: mi compañera de computadora (re-fashion, ella) se apareció un día con MIS botas puestas. ¡Hasta en el mismo color! Y mis demás compañeras le decían “¡qué lindas botas!” y eso. “Fuck!” pensaba yo. Aparte, la tipa se viste siempre con Kosiuko y usa championes All Star, ¿qué se vino a comprar unas botas chinas súper baratas y que ni siquiera son de gamuza sino de esa cosa peludita parecida?Sí, parecidísimas a estas... ¡buaaa!!

Aunque yo ya había decidido ir a acicalarme las motas en vez de ir a la zapatería, el destino no tiene el derecho a refregarme las botas en la nariz. Las mismas botas, loco. Es injusto.
Maldije y puteé y me sentí miserable (sí, sí, sí, por un par de botas… ¿y qué?) tres días seguidos y aunque a mi compañera de trabajo la adoro (las adoro a todas, en realidad), el día que se apareció con las botas la quería agarrar de los pelos y reventarle la frente contra una de las fotocopiadoras y que a la vez fueran saliendo fotocopias de la cara de ella con los dientes rotos. No estaba enojada con ella, si no con mi suerte. Un poquititito de bronca, digamos.

Y entonces a mi compañera le vino una tendinitis.
Ni siquiera en la mano derecha (ella es diestra), le vino en la izquierda, aparentemente por el uso del teclado. Y hasta le enyesaron la mano y eso. Y ta, va para largo. Obviamente el Banco de Seguros le paga y se dice que hay una posibilidad de que reciba una pensión (fue operada de la muñeca hace unos años y por mala praxis le jorobaron un tendón, parece).

Y entonces, hasta que no consigan una suplente, hace una semana que me vengo quedando hasta dos horas de más (extra, todo lo que quieran, pero %#@&!! igual).

O sea.

Karma, que le dicen...

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