lunes, agosto 06, 2007

Treinta y cuatro

No me podría agarrar en peor momento.
Mi autoestima es la de una cucaracha (en realidad, las cucarachas parecen estar chochas de ser cucarachas).
Hace unos días me agarró una peluquera creativa y ahora parezco la hermana fea de Jim Morrison. Eso no contribuyó a mi autoestima para nada.
Soy el típico caso de la persona jodona, alegre, chistosa que por dentro se está muriendo de la depresión. Además el SPM no ha aportado nada positivo.
No creo que esté deprimida, pero tampoco soy prototipo tipo de la felicidad tipo.
Siempre me reí de la depresión. Para mí la gente deprimida siempre fue gente poco creativa y mucho tiempo libre (o muy creativa y con poco tiempo libre) y que además, es una enfermedad que se cura comiendo chocolate.
De un tiempo a esta parte me están sucediendo cosas de las que siempre me reí. Como un “para que aprendas” superior. Por ejemplo, una serie de eventos desafortunados que mencioné pero no mencioné anteriormente.
Pero ta, me estoy divagando.
Tuve la genial idea de festejar mi cumpleaños un día antes. Me embolaba que cayera en domingo y después del quilombo que había hoy de mañana, sigo pensando que era una buena idea; de haberlo festejado hoy, dicho quilombo iba a quedar para el lunes de mañana y ahí sí que se me iba a complicar.
Una fiesta de Feliz No Cumpleaños.
Bueno. Con la lluvia y el frío desertaron todos. My best friend vino un ratito pero se tuvo que ir porque ya tenía planes de antes y de cuatro compañeras de trabajo, me sorprendió sólo una y digo me sorprendió porque juraba que no iba a venir. Me tapó la boca con Poxipol. Y la que pensé que seguro venía, en realidad fue la más sincera y me dijo que la achuchó el frío.
Todo esto sumado a que nadie escribe comments en mi blog, hace que llegue a la conclusión de que nadie me quiere.
Y eso no es nada. El número treinta y cuatro no sólo significa que estoy vieja, si no que no tiene nada de particular. El 33 era muchísimo más interesante.
Prefiero llamarlos mis segundos 17 años.
Qué lo parió. Hace 17 años estaba en medio de la interbalnearia (con my best friend) haciendo dedo para ir a bailar. Y me acuerdo como si hubiera sido ayer.
A los 17 años me estaba haciendo la rata a Astronomía, que era una materia infumable (la astronomía es linda, pero esta profesora la hacía adormecedora).
A los 17 años Juan Pablo no me daba bola. Cómo me rasgaba las vestiduras… y el arrastre que tenía mi amiga la rubia… qué envidia que sentía.
Lo peor de todo es que no me siento diferente. Mi forma de ser, mis opiniones, mis gustos, los recuerdo idénticos. Es como si mi cerebro no se hubiera llenado ni de canas ni de marcas de expresión ni de celulitis, como lo está haciendo mi exterior.
O sea, ya era un ser pensante y lo peor de todo es que mi autoestima era la misma. Tuvo un florecimiento allá por los ventipico pero hace tiempo que siento como una regresión en ese tema.
Lo que sí noto diferente es mi energía. Estudiaba como cinco cosas al mismo tiempo y hoy en día de tres veces por semana que tengo que ir a Serigrafía, voy dos como acontecimiento extraordinario.
Ni en pedo me levanto más temprano para ponerme base y delineador como otrora.
Maldita la peluquera creativa que me hace usar el secador para acomodarme el símil jopo ese que se mandó.
Y me quedo por acá.
De más está por decir que me gusta tanto cumplir años como sentarme arriba de una maceta con un cactus.
Veremos a los 51, qué opino del tema.





Y el blogger no me deja subir fotitos ni dibujitos ni nada, la puta que lo parió.

Etiquetas: , ,

5 Comments:

Publicar un comentario

Links to this post:

Crear un vínculo

<< Home

 
Free Web Counter
¡Pica a chusmeando!