lunes, octubre 23, 2006

Mi nombre es Amélie y tengo una hermana freak

Resulta que todos los años se realiza una especie de "Convención de Historietas" que se llama "Montevideo Comics". Creo que esta es la quinta edición. Y aunque es un tema que algo me interesa, nunca le doy mucha pelota.
Mi hermanita sí. Mi hermana la pequeña es una pelotuda de 18 años que vive para la computadora, los comics y el playstation.
Eso sí, mis dibujos son fosforitos al lado de lo que puede llegar a crear mi little sister. Es una absoluta genia del dibujo. El año pasado hicimos un taller de comics juntas (just for fun) y el pobre profesor, que es un dibujante con cierta jerarquía, se quería morir; se sentía un manco.
Bueno ta. En este evento, entonces, se junta una raza de seres humanos bastante particulares. Y para rematar, si uno entra disfrazado, paga la mitad de la entrada.
Mi hermana hace años que rompe las pelotas conque quiere ir disfrazada al evento, sin mucho apoyo por parte de la familia. Así que este año, mi madre, que se merece un lugar en el Cielo a la derecha del Santo Padre, accedió a ayudarla. Siempre y cuando elija un disfraz sin mucha producción, porfis.
Y ta. La pequeña (no sé si llega a 1,50 m, se le puede llamar "pequeña" a la Boluda...) eligió al encantador personaje de la derecha, Orochimaru para los amigos (Orochimango le digo yo, cariñosamente).
Una de las razones por las que no voy a este evento aunque me encantan las historietas, es por la invasión manga, que me tiene un poco podrida. No así a mi hermana, que AMA este estilo.
Y bueno. Ya dije que soy maquilladora y cosmetóloga, aunque no ejerza. O sea, que contaban también con mi participación, aunque yo no estaba enterada y es más, ni me pasó por la mente ofrecerme.
Así que hoy, mientras intentaba dormir una siesta merecida y reparadora (hace dos días que vengo medio de joda en joda, entre el cumple de my best friend y ayer con una obra de teatro que hace mi padre), entra mi hermana tímidamente y me toca, preguntándome si no la voy a maquillar.
"WTF?" dije yo.
"Pleeaasseeeee..." dijo mi hermana, con cara de gato con botas de Schrek.
Así que tuve que rasquetear bases y sombras olvidadas (no me maquillo jamás, soy la vergüenza del sexo femenino), rescatar mi maletín de maquillaje sepultado por ahí, buscar unos pinceles que no encontré y lo peor de todo, vestirme.
—¿Me podés pintar la cara toda de blanco? Tengo que estar muy pálida.
—What? Pará, me hubieras avisado antes... ¿de dónde querés que saque pintura blanca?
—Pensé que tenías, de la última vez —refiriéndose a un bodypainting que pinté con otra gente hace siglos con motivo del mundial de Japón y que quedó espectacular (quizás publique foto).
—No, se compra especialmente... me tendrías que haber avisado antes.
No tengo ni una base clarita, son todas como para mi tono o más oscuras. Así que con crema Mináncora (una crema "curalotodo" brasilera, color blanco) y talco me las arreglé maomeno.
Y ta. Un triunfo pintarle los ojos, porque jamás se maquilla y le impresionaba que le acercara el delineador al ojo. Le iba a poner máscara pero desistí.
Así que ta. A las puteadas, terminamos.
"¿De quién te disfrazaste?" le pregunta mi padre.
"De Piñón Fijo" respondí, no muy conforme con el maquillaje.
"¿Qué es Piñón Fijo?" pregunta mi hermana. No la quisimos herir, así que cambiamos de tema y le sacamos algunas fotos.
—¿Y va a haber alguno más disfrazado? —yo, totalmente preocupada por la vergüenza ajena que iba a sentir si la guacha era la única ridícula que se aparecía vestida así.
—Sí... creo que una amiga...
—Good Grief! —pensé yo, evocando un buen comic como es "Peanuts".
Así que ta. Terminaron mi madre y mi hermana la orate del medio de ponerle unas vendas y un moñongo violeta en la espalda (se quedaron ambas confeccionando una especie de túnica que lleva el disfraz, como hasta las cinco de la mañana... no podés), despertaron a mi padre —que también intentaba dormir una siestita— y se fueron.
A los minutos, suena el teléfono.
—¿Era en el Cine Plaza, ¿no?
—Sí.
—No, por las dudas.
Y bueno. La depositaron allá. Mi madre me dijo que había un montón de disfrazados. Cuando entraban, llegaba una pareja que obviamente, no pudo identificar de qué estarían vestidos. El tipo, flor de pelotudo de 2 metros —palabras de mi mamá—, vestido todo de rojo y que cargaba no se qué, la otra con un arco y una flecha. Parece que ganaron (porque era concurso de disfraces además, no sé si dije), según mi hermana, que acaba de llegar hace un rato, contentísima.
Ya me gustó. Me parece que el año que viene agarro viaje yo también...


De más está decir que desistí de mi siesta. Aparte después llegó my boyfriend o sea que... ¡olvídalo!
Me tuvo que bancar alunada.

Qué cosas. Siempre me encantó disfrazarme y nunca tuve mucho quórum para hacer fiestas de disfraces con mis amigas (aburridas de mierda).
Siempre me gustaron los comics y los dibujitos animados; diría que desde el Pato Darwin, Osos Gummy o Pato Aventuras para atrás, soy una erudita. Me di cuenta de que empezaba a envejecer el día en que me fue imposible acordarme de los nombres de los Pokemón.

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