martes, julio 01, 2008

Blue eyed broken ass

o puede ser.
Caigo una y otra vez.

Sabido es que de fisonomista no tengo un carajo.
Un día estaba atendiendo a un cliente de bigote, cuando me di vuelta el tipo se pasa para el mostrador; en eso, hacia mi escritorio se dirige otro tipo, también con bigote.
Obviamente le entregué la impresión y le devolví el CD a este último, convencida de que era el mismo mostachudo que estaba atendiendo antes. Y de más está decir que juntos no tenían nada que ver. El bigote, nomás, que es lo único a lo que presté atención.

Otras veces vienen señoras a hablarme de los volantes o la tarjeta de la que me habían pedido precio la vez pasada y yo, mientras me hablan, estoy: “piensa, piensa, piensa… ¿de qué mierda me habla esta mujer?”. Ya sé que atiendo a cien personas por día y no tengo por qué acordarme de todos, pero la verdad que ya de por sí yo no ayudo para nada.

Eso no es lo peor.
Lo peor es que no hay nada que me embobe más que un buen par de ojos claros —masculinos, oppfiooo—. Los clientos lindos indefectiblemente son mejor atendidos (y hasta a veces reciben rebajas) por mí que cualquier otro ente sin gracia. Sí, es común entre las mujeres quejarse de que una rubia tetona y con pantalones justos recibe mejor trato de algún vendedor baboso que una simple cristiana despeinada y sin estilo como la que escribe, sólo porque luce mejor que una. Y bueno, los comprendo totalmente.
Y ta. Si uno encima luce unos flor de bochones azules o verdes (y los pestañudos color miel ni te cuento)… slobber runs.

Así que bueno.
Ya es como la cuarta vez que se me sienta un IMBÉCIL (le puse así cariñosamente) con unos ojos AZULES (no celestes, AZULES y pestañudos encima) que hasta que no abre la boca no me doy cuenta que es él.
Tiene unos ojos divinos, directamente proporcionales a su imbecilidad. Y son unos ojos preciosos, ¿eh? (es tan tarado que no puedo decir que es lindo, no puede ser compatible tanta bobada junta con la cara… es como comer albóndigas con dulce de leche…).
Un tipo no puede ser TAN insoportable, TAN idiota, TAN rompebolas. Es como la versión hombre de una rubia teñida con siliconas que posa siempre con la boca abierta.
Y encima se cree listo.
Y no hay vez en que yo no termine hablándole como el culo porque me saca de quicio.
Y no hay día en que se vaya conforme. Siempre tiene un pero, un ay o una astilla en el glúteo izquierdo.
¡Y SIEMPRE VUELVE!
Si al tipo no le sirve nada; si la impresora saca los violetas para el orto; si estudió diseño gráfico y no sabe lo que es una fuente o distinguir una A4 de una A3 (“Ah, no, zo dezía en la más chicaa… azí no me zidve… ah… ¿A3 ez la máz gdandeee…? ¿Y me la vaz a cobdaad?”); si no le puedo dar un presupuesto conciso porque no terminó de concebir lo que quiere en el buñuelo que tiene por cerebro; si la impresión es caríiisimaa, en otro lado se la cobran como a un peso menos… ¡¿PARA QUÉ VUELVEEE?! ¡ANDATE A TIJxANA O A MxSCA, RECARAJO!

Y claro, si siempre lo recibo con una sonrisa de oreja a oreja, con los dientes sirviéndome de barrera para que no se me desborde la baba…

Porque me ha pasado al revés. He tratado como el orto a alguno/as clientes llenahuevos, pero como a veces se me ha ido la mano y me da nosequé, trato de resarcirme tratándolos/as con la mayor amabilidad posible antes de que se vayan. Y les queda esa imagen. La de la tipa que los atendió bárbaro. Y no me sorprende que vuelvan y pregunten por mí.

Pero con este no puede ser. La última imagen que se lleva de mí (siempre) es mi jeta con el ceño fruncido y amenazándolo de muerte con la engrampadora mientras estrangulo al mouse.


¡Y VUEELVEEEE…!

Es mi castigo por vendedora babosa… sin lugar a dudas.

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