jueves, octubre 30, 2008

¿Stress o SPM?

o sé cuál de los dos. Es medio temprano para el segundo... maomeno... quizá una conjunción de ambos: hoy ENFRENTÉ a un cliente como se lo merecía.
En un intervalo extraño en el que no sonaba ninguno de los teléfonos, estaba yo intentando terminar un trabajo que había tenido que interrumpir diecisiete veces.

Llega este señor con un diskette (Oh my God, ¿es que no conoce los pendrives, Sr. Dinosáuriez? Le acepto hasta un CD), "imprimime un archivo" y marcha para la caja.
Luego de salvar bien lo que estoy haciendo, por 18ª vez; abro el diskette.
El diskette abrió. Eso ya es un milagro. Tiene como cinco archivos, supongo que es el que tiene fecha de hoy. Un excell bastante bien armadito. Another miracle.
—¿Está atendido, señor? —pregunta una de las muchachas del mostrador.
—No sé... dejé para imprimir una hoja...
—¡CINCO hojas! —grito desde mi escritorio.
—¿Cómo?
—El archivo tiene cinco hojas.
—No... tiene una.
—Tiene cinco...
—No nena, no, solamente lo que está seleccionado.
Pausa. "Om", pienso. En realidad me desorienta que supiera lo que quiere y que me lo haya traído bien.


—Ah, bueno.

Cancelo lo que mandé anteriormente. Cierro y abro de nuevo. Es cierto, hay un área seleccionada. Mando. La puta impresora de mierda no me cancela un sorete y me manda las cinco.

—La cQñ€h@ de la ma...
Amélie!! —dice otra compañera, sorprendida por mi espontaneidad.
—Impresora puta. ¡Puta!
—Shh!!

Sale la que había mandado después. Se la entrego.

—¡Pero no, nena! ¡La quiero a colooor! La traje porque se me acabó el cartucho, si no, no la traía. Yo te dije a color.
—No SEÑOR. Usted me dio el diskette y se vino para acá. Yo no puedo adivinar qué es lo que usted quiere.
—Y bueno, si yo te doy el diskette y vos estás en otra cosa...
—...!! ¡Claro que estoy en otra cosa! No lo estoy esperando a usted...
—Me hubieran pasado con otra persona que sí podía...
—... Bueno, le saco la color. Podría ser peor. Que yo se la hubiera impreso a color y usted la quisiera en negro.

Y le entregué la color. Y el diskette.

—Y quiero un sobre.

Y por suerte lo siguió atendiendo el jefe.

Me di cuenta de que había más gente y me miraba. No sé si con gesto de aprobación o de "pobre ovárica".
Yo quedé hecha un manojo de nervios. Nunca le había hablado mal a un cliente. Quedé temblando hasta la hora del almuerzo.

—¿Estuve muy mal? Me superó este tipo... debo estar con el SPM...
—No, se lo merece. Siempre que viene tiene esa actitud —me dice mi compañera de compu.

Pero quién me iba a llevar la contra en ese momento, ¿no?
Y entonces sonó el teléfono.

Pero luego Dios me recompensó haciéndome encontrar de primera una tarjeta que no sabía dónde la tenía guardada (ODIO buscar cosas).





Quedo muy mal por el resto del día cuando tengo esas reacciones.
Tengo que tratarme la bejertez.

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